El 3 de noviembre de 1957, la entonces Unión Soviética envió al espacio su segundo satélite artificial, el Sputnik II. Fue un parte aguas histórico: el aparato llevaba a bordo el primer ser viviente al espacio, una perra llamada Laika.
Hoy día hay casi nueve mil objetos “técnicos” que se encuentran orbitando nuestro planeta, de los cuales México tiene tres satélites entre ellos. Todos adquiridos a los Estados Unidos.
Desapercibidamente, hemos cumplido 50 años de cuando México se inició por los caminos del espacio. Una parte de la historia de nuestro país, que casi ha sido olvidada, es el hecho de que México contó con una base de lanzamiento de cohetes y con un programa espacial propios que merecieron el reconocimiento internacional en su día. En 1957, se inició un programa experimental de lanzamiento de cohetes. Después de varios intentos fallidos, ese 28 de diciembre tuvo lugar el primer lanzamiento exitoso.
En octubre de 1959 fue lanzado el cohete SCT I, alcanzando los cuatro mil metros de altura. El año siguiente, despegó el SCT II hasta una elevación superior a los 25 mil metros.
En 1962, por decreto presidencial, se creó la Comisión Nacional del Espacio Exterior (CNEE), dependiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, como un organismo técnico especializado encargado de todo lo relacionado con la investigación, explotación y utilización con fines pacíficos del espacio exterior. Esta Comisión tuvo casi 15 años de existencia.
También en 1959, fue fundado en nuestra ciudad el Colegio del Aire integrando las Escuelas Militares de Aviación, de Mantenimiento y Abastecimiento y de Especialistas de la Fuerza Aérea. Del Colegio proviene todo el personal especialista y calificado que requiere la Fuerza Aérea Mexicana. Sus pilotos aviadores, aerologistas, despachadores de vuelo, meteorólogos. Así como expertos en mantenimiento de aeronaves, motores y equipos electrónicos. Es la principal sede para preparar profesionalmente la aeronáutica del país.
El establecimiento del Colegio del Aire aquí ha fomentado localmente una fuerte presencia de diferentes aspectos de la aeronáutica y la aviación. Además de los vuelos comerciales del aeropuerto internacional, Guadalajara es también sede nacional para ambulancias y rescate aéreo. Figuran sus escuelas privadas de aviación; es nodo regional importante para la logística de mensajería, paquetería y carga; mantiene una importante presencia de la aviación civil privada, deportiva y experimental.
Se fabrican aviones no tripulados para su exportación. Especialmente, nuestra ciudad ha sido anfitriona de la mayoría de los pilotos aviadores del país, pues aquí ha sido la sede principal de su formación profesional.
Lamentablemente, a los cincuenta años después de haber ingresado en la era espacial a la par con las grandes potencias, los mexicanos no hemos mantenido el desarrollo tecnológico aeroespacial. A todos los países que siguieron el camino hacia el espacio exterior les ha ido bien económica y científicamente.
Incluyendo a los países tardíos, como Brasil, India y China que últimamente han mostrado sus exitosas proezas.
Actualmente, el Congreso de la Unión busca volver a crear una Agencia Espacial Mexicana. Se presume una especie de NASA a la mexicana. Increíblemente, nuestra ciudad tiene todo el potencial (en lo aeronáutico, lo técnico y lo profesional) para poder ser sede de esta nueva agencia. Sin embargo, parece que la oportunidad no nos ha interesado mucho.
El 2009 nos trajo fechas conmemorativas que, más que pertenecer al pasado, representan eventos que nos recordarán nuestros futuros truncados. Lo que podríamos ser si quisiéramos.