- “Súbete...”
Tiempos hubo, señor don Simón, en que Guadalajara incluía en la extensa lista de sus orgullos, de las bondades --aunque hoy en día ni Ripley lo crea--... de su sistema de transporte público.
-II-
Como todas las familias que se respetan, en la de los camioneros no podía faltar la consabida “oveja negra”. En aquellos tiempos en que se amarraba a los perros con longaniza y no se la comían --antes de macrobuses, alianzas, sistecozomes, similares, conexos y derivados--, cuando había líneas de camiones (Analco-Moderna, Oblatos-Colonias, Mexicaltzingo-Mezquitán, Centro-Colonias...) y las rutas se identificaban con rúas o puntos de referencia muy tapatíos (Penal, Federación, Alcalde-Hospital-Retiro, López Cotilla-Chapalita, Madero-Calzada-Paradero...), el pintito en el arroz, principalmente por aquello de “Crea fama y échate a dormir”, corría por cuenta de los conductores de la línea Analco-Moderna. Se les denominaba con un epíteto tan elocuente como aterrador: “Choferoces”.
El sistema era eficiente; los conductores, amables; las rutas, suficientes y adecuadas para las necesidades de la Guadalajara que arañaba apenas el millón de habitantes. Incluso los hijos de las “buenas familias” --los colonos del Country Club, por ejemplo-- iban al colegio, sin ningún rubor, en los mismos camiones en que viajaban los clasemedieros de los barrios tradicionales.
En efecto: “Casi el Paraíso”.
-III-
Hay, actualmente, una campaña denominada “Súbete al camión”. La emprendieron concesionarios y permisionarios del transporte público, un poco por convicción y otro poco en un acto de legítima defensa. Lo primero porque es obvio que no les vendría nada mal, en efecto, tratar de recuperar, mediante un servicio digno --con todo lo que ese vocablo indica--, el prestigio pretérito; lo segundo porque algunos prominentes promotores de ese “Deus ex machina” denominado Macrobús, han incurrido en el desacierto de profetizar, como consecuencia directa del funcionamiento integral de su sistema, como lo tienen contemplado en los estudios hechos sobre las rodillas, la desaparición de todo el esquema actual de autobuses, minibuses, etc.
En ese orden de ideas, los actuales concesionarios de ese servicio público se han propuesto, de entrada, mejorar la calidad del mismo: conductores amables, unidades decorosas, etc.; la consecuencia lógica --suponen-- sería la reconciliación con los usuarios que, en cuanto han podido, se han convertido en automovilistas... sólo para advertir, muchas veces, que sólo consiguieron saltar de la sartén al fuego.
-IV-
La campaña (plausible, obviamente) se antoja, sin embargo, utópica, por cuanto implica hacer lo que en Guadalajara, al menos, jamás se ha logrado: hacer girar en reversa las ruedas de la historia.
El colofón obligado sería la frase --un himno al optimismo-- que José Feliciano suele usar en estos casos: “Ya veremos...”.